
“…como tanta otra tristeza a la que te acostumbrás.”
Queso ruso – Patricio Rey y sus redonditos de ricota
Un nuevo virus nos ha llegado desde el norte. La gripe del cerdo, la Influenza A(H1,N1), la pandemia, la que mata. La gente entonces dice tomar conciencia y trata de cuidarse. Se cuida y se queja con responsabilidad. Evita contactos con picarportes, con multitudes, evita la escuela, el teatro. Todavía tolera los billetes, el fútbol, el trabajo. Persiste en su afán de exigir soluciones, denunciar faltas y declarar detalladamente el estado de situación.
Ahora hay individuos que caminan (caminarán/ caminaron) con barbijos en sus rostros. Parecen ser una raza aparte de humanos que llegaron de improviso a la tierra y se mezclaron entre nosotros. Hay individuos que los miran. Luego comentan con sus amigos, en sus casas, por telefono.
Y siempre está la cuota verbal del llamado a la atención. “… pero cuidate” que sería el latigillo que corresponde y que es muestra de interes. La sociedad se interesa, cree intuir que no es joda. Entonces escucha a los que hablan. A los gobernantes, a los no gobernantes, a las estrellas de los medios, al vecino, de refilón en una esquina.
Aunque para escuchar se debe estar atento… cada cosa se dice… Hoy alguien aseguró (un ministro, un secretario, alguien) que dos de cada diez se infectará. Si así resulta, de los catorce millones de habitantes de la provincia de Buenos Aires, unos tres millones se contagiarán del virus. Y varios de estos morirán. Parece ser una gran exageración que tal vez sólo intenta poner en guardia a la gente. O fue una delirada.
Estamos viviendo los días de la peste. Los comportamientos mutarán, tanto como la cepa A(H1,N1). Si el virus insiste (algo me dice que depende de nosotros) la gente se acostumbrará al uso del barbijo, como se ha acostumbrado también a los pobres, a los enfermos, a la mentira y a comprar filosofía.